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Psicoanálisis en 140 caracteres

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lunes











Lacan con Joyce
David Hayman




La casualidad desempeñó un rol importante en mi único encuentro con el maestro. La ocasión fue la mañana del Día de Bloom, el 16 de junio de 1975, cuando pronunció su famoso discurso de apertura para un enorme público en el Simposio James Joyce de París, uno de los pocos simposios sobre Joyce a los cuales asistía y uno de los pocos que disfruté. Todo comenzó en el lugar de ese discurso, una gran salón en la vieja Sorbona que da a la rue des Écoles.
Antes de entrar en ese tema mencionaré mi contexto personal. Mi esposa y yo habíamos pasado el otoño/invierno de 1973 en París, donde yo enseñaba en Paris VIII (Vincennes), ese hijastro de la ruptura y redistribución de la Universidad de Paris. Aun llena del espíritu de liberación post-1968, la escena literaria y cultural en París era excepcionalmente abierta. Así, me hice amigo de Philippe Sollers y Julia Kristeva. No daré los detalles aquí, pero es una historia que merece ser contada. Tel quel y el maoísmo estaban en su punto más alto, pero el fervor revolucionario estaba desvaneciéndose.
Sollers acababa de publicar la que todavía pienso es la mejor de sus novelas, H, documentando brillantemente su ascenso y su caída.
Ese año comencé una serie de entrevistas con él, concentrándome en sus novelas. En aquella época también asistí a una de las famosas sesiones de Lacan en la Facultad de Derecho, una especie de acontecimiento tout Paris que tuvo lugar frente a una multitud de literati (incluyendo a los bandos rivales del Tel Quel de Sollers y el Change de Jean-Pierre Faye) y, naturalmente, de psicoanalistas.
Vagamente recuerdo que Stuart Schneiderman me habló por primera vez de las sesiones. El salón era tan largo y tan estrecho que hubo que colgar algunos parlantes de las paredes para que las personas que estaban detrás pudieran oír. Esos parlantes estaban festoneados de grabadores que pertenecían a seguidores ávidos. A intervalos regulares algunas personas se paraban para cambiar sus cintas. No me acuerdo qué fue lo que se dijo, pero sí recuerdo que Lacan no era un orador particularmente dramático, y que hacía pausas para poner diagramas de sus famosos nudos en el pizarrón.
La ocasión de 1975 fue radicalmente diferente, aunque alguna gente haya estado en ambas audiencias, sin duda con los mismos grabadores.
Fue un golpe de gracia tener a Lacan inaugurando un congreso sobre Joyce. El simposio, que había sido excepcionalmente bien planeado, resultó ser un acontecimiento cultural mayor, que juntó una colección extraordinariamente grande de grupos rivales parisinos y abrió la más bien insular comunidad joyceana a otras influencias duraderas. El organizador principal, Jacques Aubert, se había convertido en amigo de Lacan, y en su mayor informante en cuestiones joyceanas. Joyce le sinthome era obviamente accesible a los asiduos, aun cuando algunos de ellos poseían pocos conocimientos sobre Joyce o Finnegans Wake, pero Lacan era un nombre nuevo para la mafia joyceana, muchos de los cuales entendían poco y nada de francés, y pocos de los cuales tenían algún interés profesional en el psicoanálisis. Debo señalar que la reacción de mis colegas norteamericanos al despliegue de pensamiento parisino fue ampliamente negativa, si no francamente hostil, debido en parte a los inusuales abordajes presentados y al predominio del francés y del pensamiento francés, pero en parte también a la naturaleza improvisada del edificio pre-Beaubourg infestado de ecos en el cual las sesiones tenían lugar.
Desde mi perspectiva las sesiones empezaron como farsa y acabaron en comedia. Como sombras del Comice Agricole de Flaubert, fueron inauguradas por un insignificante y un poco aturdido subsecretario más bien que por alguna figura de estatura administrativa. Lacan no se había hecho querer por el establishment. Ya durante el claramente inútil discurso de bienvenida, el maestro mostró signos de impaciencia. Sentado detrás de mí, Philippe Sollers cloqueaba audiblemente. Cuando el orador finalmente lo presentó, no ocultó su disgusto. De hecho dejó que lo mostraran su expresión y sus gestos, y un enfático resoplido. Pero cuando Lacan se levantó, el subsecretario recordó que no se suponía que los introdujera a él sino a la amiga y benefactora de Joyce, María Jolas, que debía saludarnos en nombre de los organizadores de la conferencia, y hacer los honores. La impaciencia de Lacan parecía ilimitada, y escuché a SoIlers cloquear aun más audiblemente. Mme. Jolas, tina presencia notable ella misma, estaba tranquila y sin apuro. Ella desempeñó su papel con un aplomo de severa ex-maestra de escuela. Lacan echaba pestes. Cuando ella terminó, prácticamente no necesitó volverse hacia él, que estaba ya medio levantado de su silla. El movimiento siguiente de Lacan fue el colmo. En lugar de dirigirse de inmediato al podio, se sacó lentamente un enorme pañuelo del bolsillo y ruidosa y ostentosamente se sonó la nariz. Sólo entonces comenzó a decirle a su grande y perpleja audiencia por qué pensaba en Joyce, en el Finnegans Wake como un síntoma, y por qué interrogaba su decisión de escribir un libro tan revelador psicoanalíticamente hablando como el Wake.
(Casualmente, aunque por razones diferentes, Lacan estaba más sintonizado con su audiencia joyceana de lo que creía, porque muchos de mis colegas joyceanos no trabajan sobre ese libro, y preferían detenerse en alguna fase anterior).
Después de la charla, Sollers y yo, que habíamos salido juntos del salón, estábamos hablando cuando Lacan vino hacia nosotros y, sin decir una palabra, se llevó arrastrándolo a Sollers. Pocos minutos después regresaron y Sollers nos presentó. Lo felicité a Lacan por su charla. El estaba nervioso e insatisfecho con ella, y también, posiblemente, con su acotación en público. Pero esa no era la causa por la cual había regresado. Resultó que estaba ansioso de conocerme.
"Tengo algo que preguntarle. Tenemos que encontrarnos. ¿Cuándo tiene un tiempo libre para cenar?" Un poco sorprendido y no sin placer le dije que estaba desocupado esa misma noche. "Muy bien. Philippe, ¿puedes traerlo? Trae a Julia también". Acordamos encontrarnos en su apartamento. Philippe llamó a Julia, que debe haber sabido de las instrucciones, y se disculpó.
Philippe y yo llegamos alrededor de las siete. Nos condujeron a la oficina de Lacan, pasando la colección de Bric-à-brac antiguo que estaba en un gabinete iluminado. No recuerdo mucho del cuarto mismo, pero dos cosas llamaban la atención: en lugar del usual diván había lo que me pareció ser un sillón de barbero en posición semi-reclinada, y una mesa sobre la cual se encontraba mi FDV de Finnegans Wake, abierto en un lugar de mi introducción en el cual citaba un pasaje del Capítulo I.5 (página 114), en un intento de ilustrar cómo Joyce conseguía incorporar en su texto propiamente dicho una descripción de su método de revisión, identificando así el proceso con el producto. Recuerdo haber tratado de probar el sillón antes de que Lacan entrara en el cuarto. Quizás la memoria me falle, pero creo que en ese momento comenzaron a llegar otros invitados, empezando por Jacques Aubert y su esposa. Lacan pidió tragos, whisky, puro para la mayoría de nosotros. Recuerdo que, en tren de conversación social, preguntó por Julia y aceptó las excusas de Philippe, y que, en cierto momento, me arrastró hasta el escritorio y apuntó al pasaje ilustrativo en mi libro.
El asunto urgente, la razón de mi presencia en lo que parecía al principio ser un evento social planeado, era claramente ese pasaje citado. El quería encontrar en él uno de sus términos fetiche, "síntoma", y yo estaba allí para llenarle esa muela vacía. "Mire", me decía,"¿no es cierto que Joyce dice symptomy?" La palabra que apuntaba pertenecía a una serie relativamente pequeña de juegos de palabras construidos a partir de monosílabos agrupados y un poco alterados para producir el efecto. El pasaje no era de los manuscritos sino del Wake mismo. Veamos la palabra en su contexto: "But by writing thithaway end to end and turning, turning and end to end histhaways writing with lines of litters slittering up and louds of latters slettering down, the old semetomyplace and jupetbackagain from that Let Rise till Hum Lit" (FW 114). Miré la frase y traté de decir algo tranquilizador porque sentía una genuina ansiedad y confusión junto con una considerable ignorancia sobre el libro de Joyce y sólo una conciencia limitada de lo que había en el mío. La imagen en mi mente de esta parte del manuscrito de la Carta de ALP en defensa de su esposo era bastante clara. El manuscrito de la Carta, como el de los primeros esbozos de Joyce, está escrito por todas partes, con el objeto de hacer un uso máximo del espacio vacío.
Obviamente, Lacan pensaba que veía lo que quería ver, con razón por otra parte, considerando el consejo de Joyce, "W¡pe your glosses w¡th what you know" (FW 304fn3). Pero quizás había seguido ese consejo un poco literalmente. Sospechaba que Jacques Aubert le había dado mi libro, insistiéndole en que lo usara menos como un atajo a través del Wake que como una clave para su método de composición. La frase realmente demanda una lectura compleja y sutil, que refleje al menos una cierta conciencia de otro pasaje que trata al libro como proceso, 1,1 respuesta a una pregunta que se refiere al lector/ héroe/ soñador del Wake, la novena pregunta del capítulo 1.6, que, como esta frase, contiene una referencia manifiesta a HamIet, ese soñador que tiene miedo de quedarse dormido. El "Let Rise till Hum lit" de nuestra frase claramente tiene resonancia de las frases "having plenxty off time on his gouty hans and vacants of space at his sleepish feet and as hapless behind the drams of accuracy as any camelot prince of dinmurk" (FW 143.5-7). Todo esto, por supuesto, puede desviarnos hacia a otro camino del jardín. Pero puede también ayudarnos a mostrar qué interconectado está todo en Joyce y qué poco sentido tiene leer palabras fuera de contexto al servicio de una pettu idea. Como estos dos pasajes, la palabra "semetomyplace", con su e faltante, demanda más de una interpretación. Todo lo que pude hacer por Lacan en el apuro del momento fue darle una lectura literal. El agregado "semetomyplace and jupetbackagain" daba el no muy adecuado "see me to my place and jump ¡t back again". En ese contexto, síntoma o symptôme no tenía ninguna resonancia para mí y todavía no la tiene.
Su desagrado era tan palpable como la diversión de mi mefistofélico amigo Sollers. "¡Oh! ¡Qué suerte que no lo mencioné esta mañana!" De hecho, dudo que alguien lo hubiera notado si lo hubiera hecho... No estoy seguro de que no haya aludido al pasar a ese fragmento.
Por supuesto, no tenía idea de los planes de Lacan para el resto de la velada. Resultó que, en lugar de cenar en el apartamento, fuimos al restaurante favorito de Lacan en el Quai du Louvre, cruzando el río. Para entonces éramos ocho, incluyendo a un amigo psicoanalista y su esposa (cuyos nombres he olvidado), los Auberts, la compañera de Lacan, Sollers y yo. Fue una comida inusual. Yo estaba sentado al lado del maestro, que me agarraba el brazo con frecuencia y me hacía alguna pregunta. El camarero trajo una cantidad de hors d'oeuvres: sardinas, caracoles, pickles, etc. Botella tras botella de champagne se descorchaba y se servía mientras hablábamos. Por primera vez vi gente usando un palillo con un botón en una punta diseñado para separar las burbujas de la bebida. Todo muy exótico. En cuanto a platos principales, casi nadie los pidió. Yo lo hice: una impresionante pirámide de carne que se rehusó a cederme algún pedazo masticable a pesar de mi insistencia. La conversación desembocó en la tesis de Lacan sobre la paranoia, un libro que desde entonces he usado con frecuencia, pero por lo demás no tuvo nada memorable, aunque Sollers quería saber por qué Lacan encontraba al Finnegans Wake tan revelador. Pero cuando le preguntó, el maestro ya estaba bastante sumergido en copas. A la hora de pagar, mi huésped le concedió el honor a su genial invitado psicoanalista.
Sollers encontró todo el asunto muy gracioso, especialmente mi lectura de la palabra y mi interacción con Lacan. Juntos, nos quedamos mirando el lento progreso hacia su casa del maestro, del brazo de su joven amiga, que iba meneándose. Por coincidencia, en nuestro camino por la sólidamente estacionada acera hacia el auto, nos tropezamos con un acicalado anciano, que nos dio una reprimenda espléndidamente paranoide. Había sido un largo día.

jueves


Lapidaciones y otros horrores
José Saramago
La noticia quema. El mufti de Arabia Saudí, máxima autoridad religiosa del país, acaba de emitir una fatua que permite (permitir es un eufemismo, la palabra exacta sería imponer) el matrimonio de niñas de 10 años de edad. El tal mufti (me acordaré de él en mis oraciones) explica el porqué: dice que la decisión es “justa” para las mujeres, al contrario de la fatua anterior, que establecía en 15 años la edad mínima para el matrimonio, cosa que Abdelaziz Al Sheji (ese es su nombre) consideraba “injusto”. Acerca de las razones de este “justo” y de este “injusto”, ni una palabra, ni siquiera se nos dice si las niñas de 10 años fueron consultadas. Es cierto que la democracia brilla por su ausencia en Arabia Saudí, pero, en un asunto de tanto melindre, podría haberse abierto una excepción. En fin, los pedófilos pueden estar contentos: la pederastia es legal Arabia Saudí. Otras noticias que queman. En Irán fueron lapidados dos hombres por adulterio, en Pakistán cinco mujeres fueron enterradas vivas por querer casarse por lo civil con hombres que ellas habían elegido… Aquí me quedo. No aguanto más.

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lunes

















Alejandra Pizarnik
A LA ESPERA DE LA OSCURIDAD
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Ese instante que no se olvida
Tan vacío devuelto por las sombras
Tan vacío rechazado por los relojes
Ese pobre instante adoptado por mi ternura
Desnudo desnudo de sangre de alas
Sin ojos para recordar angustias de antaño
Sin labios para recoger el zumo de las violencias
perdidas en el canto de los helados campanarios.
Ampáralo niña ciega de alma
Ponle tus cabellos escarchados por el fuego
Abrázalo pequeña estatua de terror.
Señálale el mundo convulsionado a tus pies
A tus pies donde mueren las golondrinas
Tiritantes de pavor frente al futuro
Dile que los suspiros del mar
Humedecen las únicas palabras
Por las que vale vivir.
Pero ese instante sudoroso de nada
Acurrucado en la cueva del destino
Sin manos para decir nunca
Sin manos para regalar




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Leónidas Lamborghini


El solicitante descolocado

Desempleado
buscando ese mango hasta más no poder
me faltó la energía la pata ancha
aburrido hace meses, la miseria
busco ahora trabajo en la era cómica
dentro o fuera del ramo
si es posible.

Todos los días abro el mundo
un jardín de esperanzas
en la sección empleados
voy clasificándome
atento
este aviso me pide.

Entonces
a escribir con pasión y buena letra
adherido con lealtad
—ser claro—
escucho el ruego del ruiseñor
uniendo lo primitivo a lo culto
la inspiración a la escuela
trato de seducir
con mis antecedentes.

Solicitud detállame
el que suscribe
práctico en desorganizar
está deseando
ganarse un pan en tu establecimiento
hombre de empresa
casilla de correos.
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domingo















George Orwell

1984
Los principios de neolengua


La intención de la neolengua no era solamente proveer un medio de expresión a la cosmovisión y hábitos mentales propios de los devotos del Ingsoc, sino también imposibilitar otras formas de pensamiento. Lo que se pretendía era que una vez la neolengua fuera adoptada de una vez por todas y la vieja lengua olvidada, cualquier pensamiento herético, es decir, un pensamiento divergente de los principios del Ingsoc, fuera literalmente impensable, o por lo menos en tanto que el pensamiento depende de las palabras. Su vocabulario estaba construido de tal modo que diera la expresión exacta y a menudo de un modo muy sutil a cada significado que un miembro del Partido quisiera expresar, excluyendo todos los demás sentidos, así como la posibilidad de llegar a otros sentidos por métodos indirectos. Esto se conseguía inventando nuevas palabras y desvistiendo a las palabras restantes de cualquier significado heterodoxo, y a ser posible de cualquier significado secundario. Por ejemplo: la palabra libre aún existía en neolengua, pero sólo se podía utilizar enafirmaciones como «este perro está libre de piojos», o «este prado está libre de malas hierbas». No se podía usar en su viejo sentido de «políticamente libre» o «intelectualmente libre», ya que la libertad política e intelectual ya no existían como conceptos y por lo tanto necesariamente no tenían nombre. Aparte de la supresión de palabras definitivamente heréticas, la reducción. del vocabulario por sí sola se consideraba como un objetivo deseable, y no sobrevivía ninguna palabra de la que se pudiera prescindir. La finalidad de la neolengua no era aumentar, sino disminuir el área del pensamiento, objetivo que podía conseguirse reduciendo el número de palabras al mínimo indispensable.





Sigue :http://www.ucm.es/info/bas/utopia/html/1984_400.htm


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sábado


Susan Sontag


Acercamiento a Artaud


Nietzsche asumió fríamente una teología atea del espíritu, una teología negativa, un misticismo sin Dios. Artaud deambuló por el laberinto de un tipo específico de sensibilidad religiosa, la gnóstica. (Central al mitraísmo, al maniqueísmo, al zoroastrismo y al budismo tántrico, pero relegada a las márgenes heréticas del judaísmo, el cristianismo y el islam, la perenne temática gnóstica aparece en las diversas religiones con distintas terminologías, pero con ciertas líneas comunes.) Las energías principales del gnosticismo proceden de la angustia metafísica y de la aguda depresión psicológica: el sentimiento de ser abandonado, de ser un extraño, de estar poseído por poderes demoníacos que atormentan el espíritu humano en un cosmos abandonado por lo divino. El propio cosmos es un campo de batalla y cada vida humana exhibe el conflicto entre las fuerzas represivas y persecutorias de fuera y el febril y afligido espíritu individual que busca redención. Las fuerzas demoníacas existen como materia física. También existen como «ley», tabúes, prohibiciones. Así, en las metáforas gnósticas el espíritu está abandonado, caído, atrapado en un cuerpo, y el individuo es reprimido, atrapado por estar en «el mundo», lo que nosotros llamaríamos la «sociedad». (Es marca de todo pensamiento gnóstico polarizar el espacio interior, la psique, y un vago espacio exterior, «el mundo» o «la sociedad», que se identifica con la represión, reconociendo poco o nada la importancia de los niveles mediadores de las diversas esferas e instituciones sociales.) El ego, o espíritu, se descubre en la ruptura con «el mundo». La única libertad posible es una libertad inhumana, desesperada. Para salvarse, el espíritu debe ser sacado de su cuerpo, de su personalidad, del «mundo». Y la libertad requiere una preparación ardua. Todo el que la busque debe aceptar una humillación extrema y exhibir, a la vez, el mayor orgullo espiritual. En una versión, la libertad entraña un ascetismo total. En otra versión, entraña el libertinaje -practicar el arte de la transgresión-. Para quedar libre del «mundo» hay que romper con la ley moral (o social). Para trascender el cuerpo, hay que pasar por un período de desenfreno físico y blasfemia verbal, partiendo del principio de que sólo cuando la moral ha sido deliberadamente pisoteada es capaz el individuo de una transformación radical: de entrar en un estado de gracia que deja atrás a todas las categorías morales. En ambas versiones del ejemplar drama gnóstico, alguien que es salvado queda más allá del bien y del mal. Fundado en una exacerbación de los dualismos (cuerpo-mente, materia-espíritu, mal-bien, sombra-luz), el gnosticismo promete la abolición de todos los dualismos.


Diego Pequeño

En el Centro del Laberinto : VIDEO /poesía



Sigue : http://vimeo.com/2681137














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jueves



Cuento azul - Marguerite Yourcenar

La barca flotaba blandamente en el agua, amarrada al dedo de un pie de bronce, único resto de una estatua colosal erigida antaño en honor a un dios del que ya nadie recordaba el nombre. En el muelle, la esclava sordomuda hizo intención de despedirse de los hombres, saludándolos con las manos puestas en el corazón; entonces, el mercader griego la tomó por las muñecas y la arrastró hasta el barco, movido por el propósito de venderla al príncipe veneciano del Negroponto, de quien se sabía que le gustaban las mujeres heridas o afectadas de alguna invalidez. La doncella se dejó llevar sin oponer resistencia y sus lágrimas, al caer sobre las maderas del puente, se transformaban en bellas aguamarinas, así es que sus verdugos se las ingeniaron para darle motivos que la hicieran llorar.
La dejaron desnuda y la ataron al palo mayor; su cuerpo era tan blanco que servía de fanal al barco en aquella noche clara navegando entre las islas. Cuando hubieron terminado su partida de palillos, los mercaderes bajaron a la cabina para echarse a dormir. Hacia el alba, el holandés subió al puente aguijoneado por el deseo y se acercó a la prisionera, dispuesto a violentarla. Mas he aquí que la niña había desaparecido: las ligaduras colgaban, vacías, del tronco negro del mástil, como un cinturón demasiado ancho, y en el lugar donde se habían posado sus pies suaves y delgados no quedaba otra cosa que un mantoncito de hierbas aromáticas que exhalaban un humillo azul.



martes




ROBERTO ARLT
La doble trampa mortal.He aquí el asunto, teniente Ferrain: usted tendrá que matar a una mujer bonita.El rostro del otro permaneció impasible. Sus ojos desteñidos, a través de las vidrieras, miraban el tráfico que subía por el bulevar Grenelle hacia el bulevar Garibaldi. Eran las cinco de la tarde, y ya las luces comenzaban a encenderse en los escaparates. El jefe del Servicio de Contraespionaje observó el ceniciento perfil de Ferrain, y prosiguió:-Consuélese, teniente. Usted no tendrá que matar a la señorita Estela con sus propias manos. Será ella quien se matará. Usted será el testigo, nada más.Ferrain comenzó a cargar su pipa y fijó la mirada en el señor Demetriades. Se preguntaba cómo aquel hombre había llegado hasta tal cargo. El jefe del servicio, cráneo amarillo a lo bola de manteca, nariz en caballete, se enfundaba en un traje rabiosamente nuevo. Visto en la calle, podía pasar por un funcionario rutinario y estúpido. Sin embargo, estaba allí, de pie, frente al mapa de África, colgado a sus espaldas, y perorando como un catedrático:-Posiblemente, usted Ferrain, experimente piedad por el destino cruel a que está condenada la señorita Estela; pero créame, ella no le importaría de usted si se encontrara en la obligación de suprimirlo. Estela le mataría a usted sin el más mínimo escrúpulo de conciencia. No tenga lástima jamás de ninguna mujer. Cuando alguna se le cruce en el camino, aplástele la cabeza sin misericordia, como a una serpiente. Verá usted: el corazón se le quedará contento y la sangre dulce.


lunes






Lo Feo

Umberto Eco


El oído de los antiguos percibía que ciertos intervalos musicales eran disonantes y los consideraba desagradables, y el ejemplo clásico de fealdad musical ha sido durante siglos el intervalo de cuarta aumentada, o excedente, como por ejemplo do-fa diesis. En la Edad Media esta disonancia resultaba tan perturbadora que recibía el nombre de diabolus in musica. Sin embargo, los psicólogos han explicado que las disonancias tienen un poder excitante, y muchos músicos, a partir del siglo XIII, las han utilizado para producir determinados efectos en un contexto apropiado. De modo que el diabolus ha servido a menudo para obtener efectos de tensión o de inestabilidad que esperan una resolución, y ha sido utilizado por Bach, por Mozart en el Don Juan, por Liszt, Mussorgsky, Sibelius, Puccini (en Tosca), hasta el West Side Story de Bernstein, o para sugerir apariciones infernales, como sucede en la Condenación de Fausto de Berlioz.
El caso del diabolus in musica podría ser un excelente ejemplo final para esta historia de la fealdad, porque nos sugiere algunas reflexiones. Tres de ellas deberían desprenderse de forma evidente de los capítulos anteriores: la fealdad depende de las épocas y de las culturas, lo que era inaceptable ayer puede convertirse en lo aceptado de mañana, y lo que se considera feo puede contribuir, en un contexto adecuado, a la belleza del conjunto. La cuarta observación nos lleva a corregir la perspectiva relativista: si el diabolus se ha utilizado siempre para crear tensión quiere decir que hay reacciones basadas en nuestra fisiología que se mantienen más o menos inalteradas a través de los tiempos y de las culturas. El diabolus se ha ido aceptando no porque se hubiera vuelto agradable, sino justamente por ese olor a azufre que nunca ha perdido.

viernes



Y tus pies sólo pueden caminar por dos clases de carretera
Tus ojos sólo pueden mirar por dos clases de ventanas
Tu nariz sólo puede oler dos clases de vestíbulos
Y puedes tocar y dar vueltas
Y girar dos clases de picaportes
Tu puedes ir a la iglesia que se te antoje
O puedes ir al Brooklyn State Hospital
Encontrarás a Dios en la iglesia que hayas elegido,
Encontrarás a Woody Guthrie en el Brooklyn State Hospital
Y aunque sea sólo mi opinión
Y quizá tenga razón o quizás esté equivocado
Encontrarás a los dos
En el Gran Cañón
Al atardecer.

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jueves


Mar del Plata -Lamborghini Osvaldo
Por Ricardo Strafacce

En la Nochebuena de 1977, la casa de la calle Falkner apenas podía contener a los veinticinco comensales con los que una María Teresa singularmente expansiva había querido compartir la felicidad que le provocaba el hecho de que ningún miembro de la familia hubiera sido víctima del régimen (Leónidas y los suyos ya estaban a salvo en México) y también, aunque de manera más íntima, que, contra todos los pronósticos, Osvaldo, que había dejado nuevamente de beber, tuviera cada vez más trabajo y se mostrara particularmente sosegado y bien dispuesto. Con los últimos días del año sus actividades habían cobrado un impulso inesperado: como algunos de sus alumnos -los más intrépidos- habían empezado a atender pacientes, a las clases se sumaban ahora los "controles" de esas terapias. Su economía en consecuencia mejoraba y ahora sí parecía que la enseñanza de Freud y todos sus subproductos podía ser una fuente de ingresos cierta y seria. Sobrio, previsor como nunca y, como siempre, exagerado, empezó a entregar a su padre todo lo que ganaba para que lo depositara a plazo fijo en la Caja de Ahorro, con lo cual a veces se encontraba tan impotente para afrontar los gastos más elementales y, en consecuencia, tan dependiente de la ayuda de Vilma, María Teresa o cualquier otro como cuando no trabajaba. La excesiva -excesiva al menos para él- actividad laboral no sólo no interfería en la escritura sino que, incluso, la realimentaba: He convertido los controles y didácticos en actos de escritura. Quiero decirte que no me limito a escuchar, desinterpretar y corregir lo incurablemente incorregible. Les entrego unos papelitos redactados en un estilo más o menos paradojal, siempre en sobre cerrado. Entienden, para mi sorpresa, y piden más. Uno de mis alumnos me ha planteado, muy seriamente, que me dedique a escribir además del psicoanálisis. Sin ironía: tiene razón. Escribir todo el tiempo... todo el tiempo... Tuve ganas de abrazarlo. [OL a CA del 31-12-77] El nulo desarrollo que el psicoanálisis tenía en Mar del Plata en esos tiempos y el crecimiento exponencial que experimentaba en Buenos Aires, además, hicieron que cuando, sin pensarlo demasiado aunque en un tono inusualmente formal, se le ocurrió comunicar sus actividades docentes y clínicas a la Escuela Freudiana de Buenos Aires fuera recibido con deferencia y promesas de apoyo: Establecí contacto con la Escuela Freudiana de Buenos Aires. Me alientan, me aseguran que no estoy solo. Pero agregan que debería viajar a la capital (al castillo) para proveerme de material, tan difícil de hacerlo llegar por correo. Como leí la novela de Kafka, sé que el lugar del agrimensor es la aldea. [Íd.] Tan bueno era el ánimo que tenía en esos días que ni siquiera lo desanimó un singular episodio que puso a su escritura psicoanalítica en una circulación enigmática y vertiginosa, aunque no deseada. Controlaba un caso que parecía hecho a su medida (tanto que pone en cuestión la verosimilitud de la anécdota): la paciente había tenido relaciones sexuales con un hermano durante años, las que interrumpió a partir del momento en que se casó. Tuvo entonces, casi inmediatamente a la boda, algunos encuentros íntimos con su cuñado. Más tarde, y mientras todavía duraba el matrimonio, en cuanto el marido salía a trabajar ella se metía en la cama y se masturbaba todo el día, casi sin interrupción. Fóbica, no podía salir a la calle, pero cuando lo hacía, invariablemente en taxi, la asaltaba la tentación -irresistible- de pedirle, exigirle casi al conductor que la condujera a un hotel, para acostarse con el taxista o para -en este punto dudaba la paciente- masturbarse sola (o acompañada por el taxista). Aparentemente Lamborghini había escrito unas cincuenta páginas sobre el caso con el entusiasmo del género nuevo y ya empezaba a fantasear con que tal vez, más adelante, podría contactarse con alguna revista especializada para publicar -¡cuándo no!- su informe. Pero esta ilusión se derrumbó cuando la analista que "controlaba" con él olvidó el historial de la paciente... ¡en un taxi!: Se trataba del primer análisis freudiano realizado en M/Plata, y, para mí, la pérdida de la carpeta equivale al naufragio del tratamiento: sin ninguna duda. [OL a CA de la primera semana de enero de 1978] [...] Despreocupado de estas perplejidades, para fines de enero él sintió que atravesaba el mejor momento de su vida: seguía sin beber ("¡Qué burda fue la coartada alcohólica! ¡Cuántos escapes permitía!" [OL a Tamara Kamenszain y Héctor Libertella del 23-1-78]), continuaba ahorrando algún dinero con los depósitos de Leónidas Aniceto y ya empezaba a considerar seriamente la posibilidad de establecerse para siempre en Mar del Plata y viajar a Buenos Aires sólo de tanto en tanto, de visita. En el horizonte de sus lecturas, mientras tanto, se producía un retorno temido y esperado. Apenas instalado en Mar del Plata había comprado todos los libros de Borges que encontró para releerlos con "pasión, alegría y repugnancia" [OL a CA del 8-1-78], hecho lo cual sintió que debía desembarazarse de ellos en forma urgente. Se encaminó entonces a una librería de viejo y los ofreció en canje por La muerte de Virgilio , de Hermann Broch, y cualquier otra cosa que el librero quisiera darle. Nunca supo por qué razón había quedado fuera del trueque el volumen que recopilaba la obra poética que, vuelta a leer dos años después, lo conmovió: Estoy completamente borgizado. Ocurrió. Como recordarás, yo había pignorado todos sus libros, salvo la Obra Poética . Relectura apasionada, devoradora y conclusión: jamás escribí un poema. Peor: no sé qué es "eso" de la poesía y ni siquiera conozco el español. Otro descubrimiento: de pura suerte, en mis libros se han deslizado algunas frases bien hechas. Lo que me separa de Medina, Asís, García y Cía. es eso solamente: mi buena suerte. Pero ¿por qué publiqué? No lo entiendo. En la Argentina la literatura existe. Y yo lo sabía. Quiero decir que no tengo disculpas para mi irresponsabilidad [...] Lo mejor de "La Negación" es borgiano. [...] Es posible que en los años venideros empiece a escribir. [OL a CA del 28-1-78]

miércoles

Borges , Jorge Luis














Algunos textos publicados entre 1980 y 1986 - VIDEO

Sigue : http://www.clarin.com/diario/2006/08/24/conexiones/home.html




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