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Psicoanálisis en 140 caracteres

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jueves


Lapidaciones y otros horrores
José Saramago
La noticia quema. El mufti de Arabia Saudí, máxima autoridad religiosa del país, acaba de emitir una fatua que permite (permitir es un eufemismo, la palabra exacta sería imponer) el matrimonio de niñas de 10 años de edad. El tal mufti (me acordaré de él en mis oraciones) explica el porqué: dice que la decisión es “justa” para las mujeres, al contrario de la fatua anterior, que establecía en 15 años la edad mínima para el matrimonio, cosa que Abdelaziz Al Sheji (ese es su nombre) consideraba “injusto”. Acerca de las razones de este “justo” y de este “injusto”, ni una palabra, ni siquiera se nos dice si las niñas de 10 años fueron consultadas. Es cierto que la democracia brilla por su ausencia en Arabia Saudí, pero, en un asunto de tanto melindre, podría haberse abierto una excepción. En fin, los pedófilos pueden estar contentos: la pederastia es legal Arabia Saudí. Otras noticias que queman. En Irán fueron lapidados dos hombres por adulterio, en Pakistán cinco mujeres fueron enterradas vivas por querer casarse por lo civil con hombres que ellas habían elegido… Aquí me quedo. No aguanto más.

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lunes

















Alejandra Pizarnik
A LA ESPERA DE LA OSCURIDAD
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Ese instante que no se olvida
Tan vacío devuelto por las sombras
Tan vacío rechazado por los relojes
Ese pobre instante adoptado por mi ternura
Desnudo desnudo de sangre de alas
Sin ojos para recordar angustias de antaño
Sin labios para recoger el zumo de las violencias
perdidas en el canto de los helados campanarios.
Ampáralo niña ciega de alma
Ponle tus cabellos escarchados por el fuego
Abrázalo pequeña estatua de terror.
Señálale el mundo convulsionado a tus pies
A tus pies donde mueren las golondrinas
Tiritantes de pavor frente al futuro
Dile que los suspiros del mar
Humedecen las únicas palabras
Por las que vale vivir.
Pero ese instante sudoroso de nada
Acurrucado en la cueva del destino
Sin manos para decir nunca
Sin manos para regalar




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Leónidas Lamborghini


El solicitante descolocado

Desempleado
buscando ese mango hasta más no poder
me faltó la energía la pata ancha
aburrido hace meses, la miseria
busco ahora trabajo en la era cómica
dentro o fuera del ramo
si es posible.

Todos los días abro el mundo
un jardín de esperanzas
en la sección empleados
voy clasificándome
atento
este aviso me pide.

Entonces
a escribir con pasión y buena letra
adherido con lealtad
—ser claro—
escucho el ruego del ruiseñor
uniendo lo primitivo a lo culto
la inspiración a la escuela
trato de seducir
con mis antecedentes.

Solicitud detállame
el que suscribe
práctico en desorganizar
está deseando
ganarse un pan en tu establecimiento
hombre de empresa
casilla de correos.
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miércoles


Alfonsina Storni




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En el fondo del mar
hay una casa de cristal.


A una avenida
de madréporas
da.


Un gran pez de oro,
a las cinco,
me viene a saludar.


Me trae
un rojo ramo
de flores de coral.


Duermo en una cama
un poco más azul
que el mar.


Un pulpo
me hace guiños
a través del cristal.


En el bosque verde
que me circunda
—din don... din dan—
se balancean y cantan
las sirenas
de nácar verdemar.


Y sobre mi cabeza
arden,en el crepúsculo,
las erizadas puntas del mar.





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SILVINA OCAMPO






Diálogos




Te hablaba del jarrón azul de loza,


de un libro que me habían regalado,


de las Islas Niponas, de un ahorcado,


te hablaba, qué sé yo, de cualquier cosa.




Me hablabas de los pampas grass con plumas,


de un pueblo donde no quedaba gente,


de las vías cruzadas por un puente,


de la crueldad de los que matan pumas.




Te hablaba de una larga cabalgata,


de los baños de mar, de las alturas, de alguna flor,


de algunas escrituras,


de un ojo en un exvoto de hojalata.




Me hablabas de una fábrica de espejos,


de las calles más íntimas de Almagro,


de muertes,


de la muerte de Meleagro.




No sé por qué nos íbamos tan lejos.


Temíamos caer violentamente en el silencio


como en un abismo


y nos mirábamos con laconismo


como armados guerreros frente a frente.




Y mientras proseguían los catálogos de largas,


toscas enumeraciones,


hablábamos con muchas perfecciones no sé en qué aviesos,


simultáneos diálogos.
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